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Primerizas

Estoy en camino a trabajar en estos momentos… y aunque siempre creí que iba a ser una mujer empoderada y libre más allá de la maternidad, voy sentada en el auto con una sensación muy extraña: entre tristeza, vacío y ansiedad, en la que solo puedo pensar en mis hijos, y en ese último abrazo apretado entre sollozos que me dieron antes de salir, y del cual me tuve que despegar sin querer hacerlo. Es una contradicción inmensa no querer separarse nunca de ese abrazo, pero sentir que en el fondo DEBES HACERLO… por ti y por ellos?

¿Se transita siempre entre la mujer y la mamá? Es posible llegar a un equilibrio en el que ambas vayan por el mismo camino?

…Cuando llegaron mis hijos y me entregué por completo a ellos, dejé de encontrar espacios personales, privados, autónomos, de realización personal, de conversación de adultos. Dejé de escuchar música, o leer un libro… nunca más pude comer sentada o ir al baño sola con la puerta cerrada. Y sin exagerar, puedo decir que sin darme cuenta me fui enfermando… sin darme cuenta me fui apagando.

Creo que es muy importante mencionar, que ser mamá ha sido lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Que lo busqué, y que cuando creí que no iba a poder serlo, sufrí la desilusión más profunda y sentí que, como mujer, a mí, me faltaría algo por realizar. Lo que quiero decir, es que para mí la maternidad ha sido una realización personal importantísima. Un sueño cumplido, una ilusión que despertó en mí y que pude experimentar cuando encontré el amor y sentí ese llamado.

Sin embargo, extrañamente, nunca pensé que cambiaría mi vida por completo y que ser mama requería ser exclusivamente madre, día y noche, las 24 horas del día para toda la vida. Durante 4 años, con 2 bebes, con una lactancia materna exclusiva durante el primer año, sin dormir, con una pandemia, y sin una red de apoyo, me significó una gran falta de equilibrio, que se tradujo en un terremoto interno, con un cambio físico, químico, y mental tan grande, que tuve que mirarme detenidamente para volver a encontrarme. Tuve que parar y mirar el camino porque me sentí perdida.

También hubo un momento en que sentía que trabajar o juntarme con una amiga, o hacer algo sin mis hijos, era un lujo o un privilegio, un acto egoísta, algo innecesario, algo que me hacía mal, o algo a lo cual no tenía derecho, si no tenía un porque ni razón. Y de no haberme visto en un momento con repercusiones físicas, de insomnio, palpitaciones y llantos, nunca hubiera creído que era necesario cambiar la manera en que soy mama y soy mujer. Que soy persona!

Si no me hubiera enfermado, nunca hubiera entendido que ser mama implica entregarse por completo, hacerse cargo por completo de la decisión de tener un hijo, pero no por eso, dejar de hacerme cargo de mí. Y que sin mí, no puedo ejercer esa responsabilidad, sin mi yo sana, no puedo ejercer ese rol.

Sé que no identifico a todas las mamás con el proceso que he vivido, pero también sé que esta es mi historia y me encantaría saber cuál es la tuya. y que, quizás a ti que estas leyendo, te sirve conocer esta experiencia, para no pasar por lo mismo. Mi equilibrio lo encontré de afuera hacia adentro, es decir, obligándome a destinar un espacio del calendario al mes, un espacio del calendario a la semana y un espacio del calendario al día, para mí. Para descansar, pasa sociabilizar, para trabajar. Y confiar. Dejar de juzgarme. Ir. Sin pensar.

Hoy soy testigo de que esto me ha hecho muy bien, porque todo el resto de los espacios en el calendario que están inundados de los colores de mis hijos, los vivo con aun más potencia, con aún más fuerza, con más amor y más ganas… con una sonrisa aún más grande, disfrutándolos, contemplándolos y valorándolos.

Antes cuando salía a trabajar, lloraba porque echaba de menos a mis hijos… y, por otra parte, cuando ya llevaba días sin parar estando completamente a cargo de ellos, entre los pañales y las comidas y las siestas… me sentía absolutamente incompetente, inútil, incapaz de mandar un correo, de lograr cualquier cosa supuestamente útil, y me frustraba. Estaba a medias en ambas partes. Me sentía dividida en 2.

Hoy, ya no siento eso… siento que estoy donde tengo que estar, en los momentos que tengo que estar. Feliz, sin culpa.

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